Suelos en Agricultura: la aportación de nutrientes naturales.

por el 8 marzo, 2013 en Agricultura Ecológica, Blog | 1 Comentario »

nutrientes

La falta de nutrientes es un grave problema de los suelos que afecta directamente a su productividad. Todas las plantas necesitan para su crecimiento una serie de elementos químicos en mayor o menor cantidad, aunque existen una serie de ellos imprescindibles, tales como el nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, azufre y magnesio.

Otras sustancias existentes en el suelo en pequeñas cantidades como el cobre, boro, zinc y manganeso también son necesarias para un correcto crecimiento de la mayoría de plantas. Algunos de los suelos contienen algunos nutrientes en abundancia, como el azufre, hierro o calcio. Por su parte, el hidrógeno, oxígeno y carbono son nutrientes necesarios para las plantas, pero que reciben en cantidades prácticamente inagotables a través del agua y el aire.

Es interesante recalcar la importancia del uso de abonos verdes, así como del humus de lombriz

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Identificación de la carencia de nutrientes

El simple abono sin conocer las necesidades de las plantas en cuanto a un nutriente específico, puede concluir con un desarrollo inadecuado, por eso es conveniente analizar previamente cual es el nutriente que necesitan y así elegir el tipo de abono correcto. Observando las plantas podemos intuir de que elementos carecen.

La falta de nitrógeno presenta hojas débiles y de colores verde-amarillentas. Una forma de aportar nitrógeno a los suelos sin utilizar fertilizantes, es mediante el cultivo de plantas leguminosas, como la judía, el trébol o la alfalfa, las cuales tienen la capacidad de fijar el nitrógeno en el suelo mediante una serie de reacciones químicas; tras la cosecha de estas plantas dispondremos de un suelo rico en nitrógeno y preparado para un nuevo cultivo.

Cuando las plantas están faltas de nitrógeno presentan hojas débiles y de colores verde-amarillentas

La falta de magnesio presenta hojas de colores entre blancos y amarillos con manchas marrones, y puede ser corregido pulverizando sulfato de magnesio. Se recomienda abonos verdes. Además las rocas silíceas y el pathenkali, que aportan cantidades notables de magnesio, en agricultura ecológica también se emplean las dolomitas y el sulfato de magnesio natural.  Las dolomitas son carbonatos dobles de calcio y de magnesio, con una riqueza en óxido de magnesio del 16 al 20 %, y que a causa de su alto contenido en calcio, sólo se utilizan en suelos ácidos o neutros. El sulfato de magnesio se emplea en suelos calizos, y puede tener dos orígenes, minero o marino.

La falta de fósforo se manifiesta sobre todo en las flores, las cuales se secan prematuramente, además de que tardan en formarse y abrirse. Agrega cenizas de madera no tratada previamente diluídas en agua.

La falta de potasio se manifiesta en la forma y color de las hojas, las cuales se doblan por su borde, se quedan pequeñas y amarillean hasta tornarse grises. Si la falta de potasio persiste, estos síntomas progresan hasta que alcanzan la parte superior de la planta. Las cenizas de madera de origen biológico constituyen un excelente abonado potásico, ya que contienen entre un 5 y 9 % de óxido de potasio y se utilizan en dosis muy variables. Aquí tienes cómo hacer un preparado rico en potasio

* Otro remedio casero y accesible es utilizar los posos del café. Diluye en 1 litro de agua 1/3 de vaso de posos del café. Déjalo que repose un día y utilízala para regar. Aporta nitrógeno, fósforo, potasio y cobre.

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Formas de presentación de los nutrientes no aprovechables por las plantas

En ocasiones algunos elementos de los nombrados anteriormente se encuentran en el suelo en formas compuestas que impiden su aprovechamiento por las plantas. Por ejemplo, si el fósforo se presenta combinado con hierro o aluminio su absorción será inviable, no así cuando se combine con magnesio o calcio.

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Método para disponer de mayores reservas de fósforo

Los fosfatos ácidos de cal o superfosfatos son fertilizantes que se añaden normalmente a los suelos cuando se desea una mayor disponibilidad de fósforo. Alternativamente, se pueden conseguir nuevas reservas de este nutriente reduciendo la acidez del suelo mediante el añadido de calcio (véase el apartado dedicado al control de la acidez), sin embargo si el suelo mantiene fósforo en formas complejas (no asimilables por las plantas) mientras se aplican y perduran los efectos de los superfosfatos, entonces las reservas de fósforo quedarán aseguradas durante muchos años.

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Preferencia por los abonos orgánicos

Como se ha dicho, las plantas también necesitan pequeñas cantidades de algunos elementos existentes en los suelos, como el azufre, cobre o manganeso. Para una práctica ecológica en el acondicionamiento de los suelos, los estiércoles son los fertilizantes preferentes. Los nutrientes que contienen estos abonos orgánicos permanecen en el suelo mucho más tiempo que los artificiales, evitándose además que por lixiviación se contaminen los acuíferos o se laven más rápidamente las capas superficiales del suelo.

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El control de la acidez

Es muy importante en el mantenimiento de los suelos controlar su acidez específica para adaptarlos a los diferentes cultivos. Dependiendo del tipo de planta cultivada requerirá suelos más o menos ácidos, por ejemplo, las leguminosas se desarrollan adecuadamente en terrenos neutros o con un pH ligeramente alcalino o ligeramente ácido, es decir, ligeramente superior o inferior a 7. Sin embargo, plantas ericáceas como los arándanos o mirtilos precisan suelos más bien ácidos.

El pH (del francés Pouvoir hidrogene o poder del hidrógeno) indica la concentración de iones hidrógeno de una disolución; de 1 a 6 es ácido (1 muy ácido, 6 poco ácido), 7 es neutro, y de 8 a 14 es alcalino (8 poco alcalino, 14 muy alcalino). Cuanto más iones hidrógeno posea el suelo más ácido es. Para corregir el exceso de acidez de los suelos se añade caliza dolomítica (cal muerta). El calcio de la cal reacciona neutralizando el ácido del suelo (sustituyendo el hidrógeno que contiene).

La clorosis presenta hojas raquíticas y amarillentas

Si el suelo contiene exceso de cal entonces presentará clorosis, que se manifiesta en las plantas mediante raquitismo y un color amarillento, resultado de la dificultad de las plantas para realizar la función clorofílica. En casos muy extremos se puede emplear quelato, producto muy efectivo contra las intoxicaciones metálicas.

Para medir el pH de un suelo y saber si es ácido o alcalino, podemos utilizar indicadores que se fabrican expresamente para ello en las tiendas especializadas, como el papel de tornasol que varía su color dependiendo del nivel de acidez; o mediante aparatos electrónicos que utilizan unos electrodos para enterrar en el suelo que se desea analizar; no tiene complejidad y nosotros mismos podemos llevar a cabo el análisis sin ningún tipo de ayuda, solamente siguiendo las instrucciones.

Si alguna vez hemos tenido en el hogar un acuario seguramente habremos utilizado un test de pH, el ejemplo nos sirve para ilustrar en que consiste este sistema; los peces necesitan que el agua sea neutra (ni ácida ni alcalina), esto lo podemos saber observando el color que presenta el agua recogida en un pequeño tubo de ensayo, una vez ha reaccionado con unas cuantas gotas de un líquido de análisis que le hemos añadido; si es verde es agua neutra (7), si es amarillento es ácida (menor de 7), si es azulado es alcalina (mayor de 7).

 

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