La PAC y la agricultura: ¿Beneficio o sacrificio?

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La PAC (Política agrícola común), se remonta a los años 50, en los cuales la población estaba marcada por los años de guerra y en la que la agricultura se había paralizado, no garantizándose así el abastecimiento de alimentos a la población. El objetivo principal de esta primera PAC fue el de fomentar la mejora en la productividad agrícola para que así la población dispusiera de un suministro estable de alimentos a precios asequibles así como garantizar que la UE disponía de un sector agrícola viable. De esta forma, ofrecía subvenciones y sistemas que garantizaban precios elevados a los agricultores e incentivos para que produjeran más.

En los años 80, los excedentes eran casi permanentes, se combatían con exportación ayudada de subvenciones, almacenamiento o eliminación. Esto provocó un coste presupuestario elevado, provocando distorsiones en algunos mercados mundiales. Debido a esto, a partir del 2005 se establece un pago desvinculado de la producción, es decir, una ayuda que se abona independientemente de que el agricultor produzca o no, denominada Régimen de Pago Único. A parte de esto, existen “primas” por producir según que productos algunos no de “primera necesidad”, como por ejemplo el cultivo del tabaco. Se fomenta su cultivo dentro del estado mientras éste se lucra con sus impuestos, que cada vez son mayores. En una de las últimas reuniones de ministros de agricultura europeos, Arias Cañete pidió más ayudas para este cultivo. ¿No tendría más sentido pedir ayudas para otros cultivos? En el Valle del Ebro, muchos agricultores de frutales están eliminando hectáreas de cultivo debido a que constantemente el precio de compra de los productos es inferior a los costes. En Andorra cultivan tabaco, pero una vez cobradas las ayudas de la PAC lo recolectan y lo queman, ¿es éste el futuro que queremos para nuestro campo?

Cabe destacar la presencia fuerte en producción agrícola de Francia y Alemania, siendo sus principales “competidores” España e Italia.

El coste total de la PAC representa un 40% del presupuesto total, siendo financiado conjuntamente por los Estados miembros. El presupuesto de la UE se financia principalmente mediante sus “recursos propios”: derechos de aduana, gravámenes, el IVA y un recurso basado en la renta nacional bruta de los estados miembros. Este último representa aproximadamente tres cuartas partes del presupuesto total. Es decir que la PAC es financiada por todos los ciudadanos.

Pero, ¿A quién favorece realmente la PAC?
En primer lugar, hablaremos de la ayuda al desarrollo. La UE no se cansa de repetir que la PAC no influye en el mercado ni en la producción de países menos desarrollados, dedicando el 9% del presupuesto a la discutible ayuda externa mientras se jactan de los muchos programas que ponen en marcha. La realidad es que la PAC reduce las oportunidades económicas de aquellos países más dependientes del sector agrícola, curiosamente los de rentas más bajas. No solo dejando fuera de mercado los productos procedentes de estos países a causa de aranceles, cuotas y subsidios, sino que además establece unas reglas de competencia que deprimen los precios internacionales. Según la organización para la cooperación y desarrollo económico (OCDE), un recorte del 75% en los aranceles y subsidios supondría un aumento de la renta de los países en desarrollo de alrededor de 23.000 millones de dólares. Parece ser que para los países ricos (EEUU, EU) es más barato políticamente defender las bondades de la ayuda externa que criticar las consecuencias de la PAC en los países pobres.

En segundo lugar, el reparto de las ayudas. ¿Son realmente justas y equitativas? Del total de las ayudas que recibe España solo un 10% son para agricultores a título principal (ATP), personas que se dedican solo y exclusivamente al campo. El 90% restante va a parar a la nobleza, arzobispados, grandes firmas agroalimentarias, políticos y altos comisionados de la UE e incluso una central nuclear. Entre ellos destacamos la Casa de Alba, Nestlé, las firmas de transgénicos Syngenta Seeds y BASF, Associació Nuclear d’Ascó (ANAV), la Comisaría de Agricultura de la UE y la Familia Real Británica. Es decir, que unas ayudas principalmente financiadas por todos los ciudadanos van a parar mayoritariamente a grandes terratenientes y monopolios productores de alimentos, agroquímicos, transgénicos, políticos e Iglesia.

El Estado español siempre ha sido la huerta de Europa y junto con los países mediterráneos encabezaba la producción agrícola. Ahora tanto Francia como Alemania nos superan en producción. Es fácil atar cabos…

 Escrito por Noelia Calonge Moreno, visita su Blog y síguela en  Facebook   Twitter

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