La mejor agua que podemos beber: el que contienen frutas y verduras

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La bebida por excelencia es el agua, que trataremos de conseguir de la mejor calidad posible y que, ante la duda, podemos filtrar caseramente. Pero no olvidemos que frutas y verduras son la mejor fuente de agua biológica, filtrada por la planta y dotada de un alto patrón energético; por ello la importancia de no alterar su calidad con procesos de cocción y de que provengan de cultivos ecológicos y orgánicos.

Pese a la simplicidad molecular (H2O), sobre el tema del agua podría decirse mucho en cuanto a problemas y soluciones. Es sabida la problemática de la contaminación y también es conocido el auge de las aguas minerales. Desde el punto de vista fisiológico, el organismo necesita agua pura y con elevado potencial disolvente. Esta es la característica del agua destilada, agua que nos suministran los vegetales (frutas y hortalizas) y que también nos entrega la lluvia (siempre que la atmósfera no esté contaminada).

Por tanto es importante satisfacer nuestras necesidades de agua a partir de los alimentos fisiológicos y crudos. Alimentándonos de ese modo y teniendo una adecuada higiene interna, la demanda de agua para beber será ínfima o nula. Son precisamente los alimentos cocidos, salados y amiláceos los que demandan agua para su metabolización. Si hacemos prácticas depurativas, utilizar frutas acuosas (pausas digestivas) o agua destilada (ayunos completos) como fuente de hidratación.

Los minerales presentes en las aguas comerciales están en estado inorgánico y por tanto representan escoria tóxica para el organismo; sería como agregar limaduras de hierro al agua. Este aporte mineral, lejos de ser nutritivo, obliga a trabajar en exceso a los órganos de eliminación y promueven la formación de compuestos obstructivos (placas, cálculos, calcificaciones, etc).

En este contexto, resulta absurdo recomendar la ingesta de una cantidad determinada de agua diaria, dado que en el marco de una alimentación viva, la necesaria reposición de líquidos orgánicos se realiza fundamentalmente a través de los alimentos (frutas, verduras, germinados, sopas, bebidas de semillas, licuados). En este sentido basta controlar la sed y la coloración de la micción: el oscurecimiento de la orina señala la sobrecarga de desechos y esto indica la mayor necesidad de líquidos. En estado normal, solo beber cuando el cuerpo así lo pide.

Dado que debemos evitar las bebidas industrializadas, es bueno volver al sano hábito de las limonadas caseras, que pueden enriquecerse con un poco de stevia, sirope de ágave, ó azúcar mascabo y unas gotas de salmuera (hecha con sal de roca). Así dispondremos de una saludable bebida refrescante, alcalinizante y altamente mineralizante (isotónica).

Esto también se aplica a los jugos y licuados que podemos hacer en casa. Solo la imaginación pone límites a las infinitas combinaciones posibles en base a frutas y verduras. Es siempre aconsejable hacerlos y consumirlos en el momento, dado que muchos nutrientes allí presentes (vitaminas, enzimas) se degradan rápidamente por oxidación. No olvidar la recomendación de licuados en relación a jugos extraídos por centrifugación, proceso éste que elimina la importante fibra soluble que acompaña al metabolismo de los azúcares del vegetal.

Párrafo especial para el kéfir de agua y el agua enzimática, preparados caseros que regulan la flora intestinal y que pueden beberse en distintos momentos del día. El kéfir se obtiene por cultivo regular de nódulos que fermentan la mezcla de agua, limón, azúcar y frutas pasas, generando una bebida ligeramente ácida y gasificada, altamente enzimática y digestiva. El agua enzimática se obtiene remojando brotes en agua durante un par de días.

En una despensa saludable, debemos reservar un espacio a elementos que nos permitan preparar distintas y variadas formas de ingestas líquidas. No deben faltar hierbas para realizar infusiones digestivas, depurativas, hepáticas y relajantes. Se sugiere tener a mano, entre otras: boldo, diente de león, llantén, cardo mariano, cedrón, manzanilla, marcela, melisa, menta, ortiga, valeriana, pasionaria y zarzaparrilla.

Dos observaciones respecto a las infusiones y su concepto de “vivo”. El uso de temperaturas para su obtención (unos 90ºC) no está actuando sobre alimentos, sino sobre hierbas y raíces que usamos por principios activos y no nutricionalmente. Por ello se suele hacer uso de tinturas de hierbas, obtenidas por maceración hidroalcohólica en frío. Para los más puristas, existe siempre la opción de realizar infusiones en frío.

Macerar hierbas en frío es una técnica usada en el Ayurveda hindú, para evitar destruir principios activos termosensibles de los vegetales con propiedades medicinales. Básicamente consiste en macerar hierbas en agua fresca (en lo posible destilada), a fin de extraer lentamente los principios activos al agua. Los tiempos dependen del vegetal en cuestión, pero rondan entre 12 y 24 hs. La recomendación de mantener fresca el agua es para evitar fermentaciones y olores/sabores no deseables.

Sugerencia práctica: macerar hierbas en el agua para beber. Por la noche, introducir agua fresca en un termo, agregar hojas de la hierba deseada, tapar y dejar macerando durante la noche: tomar durante la mañana. Se pueden agregar unas gotas de salmuera integral, limón o algún trozo de algas marinas (efectos mineralizantes y alcalinizantes).

Extraído de “Alimentos Saludables”
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