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Pérdida de variedades hortícolas tradicionales: Un problema global que no solo afecta a la biodiversidad agrícola

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biodiversidad horticola

Si hablamos de pérdida de biodiversidad agrícola, seguramente os «suene» menos trágico que la pérdida o extinción de diversidad animal. Si bien las consecuencias de la reducción de la variabilidad genética de los cultivos pueden ser igualmente muy graves: propagación de plagas, enfermedades debidas a una menor adaptación a cambios en el clima, hambrunas, entre otras.

La diversidad de cultivos disminuye en todo el mundo a un ritmo vertiginoso. Según la FAO, en el último siglo han desaparecido tres cuartas partes de las variedades hortícolas —semillas— tradicionalmente empleadas para alimentación, en el contexto de un mundo con una población en incesante crecimiento, que demanda cada vez más recursos, y un clima cambiante. Te lo contamos todo en el siguiente artículo.

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¿Qué son las variedades hortícolas tradicionales?

Una variedad hortícola —o agrícola tradicional, criolla o landrace, es una población cultivada que está adaptada a las condiciones de cultivo locales y cuya propagación en esa región a lo largo del tiempo es debida a los agricultores locales. Las semillas son intercambiadas entre parientes y vecinos, y transferidas de generación en generación.

Así, cada población o grupo étnico tiene sus propias landraces, a las que asignan un nombre. Y posee las «instrucciones asociadas», es decir, los conocimientos acerca de su cuidado, almacenamiento, conservación y manejo de las semillas, siembra, cosecha, etc.

Se habla por ello de «acervo cultural», más que de «acervo genético». «Más que herencia genética, estas variedades locales son parte, por lo tanto, de un patrimonio cultural que incluye todo, desde el nombre que se les asigna por su uso» (publicación ISHS, International Society for Horticultural Science).

Nota: las landraces son nombradas bajo el «Código Internacional de Nomenclatura para Plantas Cultivadas». Este código regula los nombres de los cultivares, necesarios para su comercialización y aspectos legales sobre marcas y patentes.

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Pérdida de variedades hortícolas tradicionales en España, América Latina y el mundo

Las landraces pueden provenir de parientes silvestres de la región, cultivos de miles de años de selección que se propagaron mediante mecanismos propios de estas variedades tradicionales. En ellas fue incrementándose progresivamente la variabilidad genética y la adaptación a la zona.

Pero gran parte de esta variabilidad se está perdiendo, a causa del abandono del cultivo o la sustitución de muchas variedades locales por variedades comerciales «mejoradas», normalmente híbridos. Se estima que el ser humano cultiva en la actualidad aproximadamente 150 especies, frente a las 7000 a 10 000 que cultivaba en el pasado, y solo una docena de ellas representan el grueso —algunas publicaciones apuntan a un 70 %— de su consumo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte de que el 75 % de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido en los últimos cien años en todo el mundo. Se calcula que en Estados Unidos la pérdida de frutas y variedades de otros productos hortícolas ha sido en este período superior al 90%. Y en México solo es posible encontrar hoy el 20% de las variedades de maíz cultivadas a comienzos de siglo.

Son los países considerados pobres, de zonas tropicales y subtropicales, los que paradójicamente cuentan con mayor riqueza de variedades agrícolas. De hecho Europa —incluido España— depende en gran medida, en torno al 70%, de los recursos genéticos de estas regiones.

Nota: existen aproximadamente 1300 bancos de germoplasma, o bancos de semillas, en el mundo. Estos lugares están destinados a la conservación de la diversidad genética de los cultivos, muchos de los cuales ya no se utilizan para la producción agrícola, por lo que son susceptibles de desaparecer. En ellos, las semillas se conservan a bajas temperaturas  —-180 ºC o inferiores— para mantener su viabilidad.

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Consecuencias de la pérdida de diversidad de cultivos

La superficie de cultivo en la Tierra es limitada, por lo que se hace necesario aumentar la productividad de las cosechas. Y los cultivos homogéneos, uniformes, suponen mayor rentabilidad, pero también más vulnerabilidad.

Las variedades tradicionales autóctonas tienen «una gran capacidad para tolerar factores bióticos y abióticos, estrés» (.pdf, 120 KB). Algunas de las consecuencias de su merma o desaparición son por tanto:

  • Menos resistencia frente a plagas y enfermedades.
  • Menor adaptación ante cambios climáticos y desastres naturales.
  • Hambrunas por pérdida masiva de cultivos. Ejemplo de ello fue la padecida en Irlanda a mediados del siglo XIX, causada por un hongo que «atacaba» los cultivos de patata de variedades muy homogéneas. La solución consistió en introducir variedades hortícolas procedentes de América Latina, resistentes a la enfermedad.

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Estamos propiciando la extinción de una biodiversidad construida a lo largo de 10.000 años de agricultura en el mundo. Investigadores y expertos en agricultura sostenible ven indispensable restaurar la diversidad genética, implicando a agricultores en el respeto a las singularidades de cada zona y fomentando la sensibilización de la población respecto a esta realidad.





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