Café ecológico

El café ecológico está en la taza de tu desayuno, la que te espabila a media mañana o la que necesitas para relajarte con un buen libro.

Solo, con leche, edulcorado, bien caliente o con hielo. Da igual cómo lo quieras, el café te hace compañía con su profundo aroma y su sabor envolvente. ¿Qué variedad querrás probar?

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¿Por qué comprar café ecológico?

Elegir un café de calidad no solo importa por el placer de disfrutar de un buen producto de sabor y aroma deliciosos.

Si el buen café es tu afición, si es tu deleite y te gusta probar variedades y técnicas de preparación, ya sabes lo importante que es elegir bien y fijarse en los pequeños detalles.

Cuando los matices importan y te preocupa prestar atención al paladar, no quieres que ciertas sustancias o métodos de producción empañen tu experiencia.

Esas sustancias y métodos pueden ser los propios de la elaboración industrializada convencional del café. En esta se usan pesticidas y otras sustancias potencialmente tóxicas que pueden alterar tu experiencia (así como tu salud).

Así que ese es un buen motivo para apostar por el café sostenible.

Pero no es el único ni el más relevante, ni mucho menos. Hay cuestiones muy grandes en juego.

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El café sostenible da esperanza

Detrás de cada taza de café hay una larga cadena formada por muchas personas y procesos de recolecta y elaboración. Y, al final de esa cadena, en países tropicales, está la plantación de los árboles de café y sus trabajadores.

La agricultura del café mueve cada año millones de toneladas de producto y una cantidad equivalente de dinero. No en vano, es la bebida más consumida en el mundo después del agua.

Por lo tanto, es un negocio muy lucrativo para los grandes distribuidores transnacionales, que no escatiman para hacerse con la mayor parte del pastel.

Aunque eso les suponga alterar los ecosistemas o mantener a los agricultores y sus comunidades en condiciones que, como mínimo, podríamos decir que son poco éticas.

La producción del café ecológico, en cambio, sigue un patrón muy diferente que debemos defender:

  • Se cultiva sin utilizar sustancias contaminantes como pesticidas y fertilizantes sintéticos.
  • No fomenta la deforestación de las selvas tropicales, un ataque directo a la biodiversidad, la calidad del suelo y la capacidad de los pulmones del planeta.

    Es justo al contrario: ayuda a proteger los ecosistemas y los recursos hídricos y del suelo.

  • Las comunidades que viven de estas plantaciones ecológicas, tanto los agricultores como los elaboradores, obtienen mejores sueldos y disfrutan de condiciones laborales y sociales más justas y honradas.

    Hay menos intermediarios y los productores pueden negociar mejores tratos y condiciones.

La producción del café sostenible atiende a las necesidades de hoy con la vista puesta en las del futuro. Se recuperan suelos, se reduce la contaminación y se fortalecen las comunidades rurales.

Como ves, con cada una de tus tazas de café ecológico estás colaborando por un mundo mejor para todos. ¿Cómo será la próxima que tomes?

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