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Mecanismo de defensa de los policultivos frente a las enfermedades

Publicado en Blog, Productos ecológicos | 1 comentario »

En general, la combinación en un policultivo de especies susceptibles y resistentes a una determinada enfermedad aérea reducen la capacidad de dispersión de los organismos responsables de la enfermedad. Ello es debido al incremento de la distancia entre una planta huésped y otra, a que los cultivos resistentes actúan de barrera frenando el movimiento de dichos organismos, etc.

Vamos a comentar con un poco de profundidad la influencia de los policultivos en el desarrollo de enfermedades transmitidas por insectos vectores. Es un hecho que la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores (áfidos, mosca blanca, etc.) tiende a ser menor en sistemas diversificados. La Tabla recoge algunos ejemplos sobre ello. Los mecanismos por los que esto ocurre son, entre otros, los siguientes:
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1. Hay menor colonización del vector transmisor de la enfermedad. El policultivo reduce la atracción hacia las parcelas de los insectos vectores (áfidos, cicadélidos, mosca blanca, etc.) o aumentar las tasas de emigración hacia otras parcelas.
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2. El policultivo está formado por plantas hospederas y no hospederas del patógeno. Este mecanismo ocurre sobretodo en el caso de los virus transmitidos por áfidos. En un monocultivo, cuando aterrizan en la parcela los áfidos que transportan el virus, van infectando a las plantas conforme se van alimentando sobre ellas. De esta forma, cada planta infectada se convierte en fuente de virus incluso para aquellos áfidos que habían llegado “limpios” a la parcela, que comienzan a transmitirlos a otras plantas sanas conforme se alimentan de ellas.
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En un policultivo, cuando éste está formado por un cultivo hospedero del virus y otro no hospedero, la dispersión del virus por la parcela es mucho más lenta. Esto es debido a que los áfidos adquieren el virus si se alimentan de alguna planta infectada del cultivo hospedero y lo pierden cuando se alimentan del otro cultivo, en el cual no es capaz de prosperar el virus. Es decir, sólo se produce transmisión de la enfermedad de una planta a otra, si las dos son hospederas del virus, y la primera en proporcionar alimento al áfido estuviera infectada.
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Si el áfido es preferencialmente atraído por el cultivo no hospedero del virus, esta segunda especie puede actuar como cultivo trampa tanto del vector como del patógeno. Tobe define como “técnica de protección de cultivo” la inclusión de plantas “no-cultivo” que proveen de alimentación para insectos infecciosos, pero que no son susceptibles al patógeno o deseables para la reproducción del insecto. Este método de policultivo o cultivos barreras ha llevado a una menor incidencia de patógenos en muchos cultivos.

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3. El movimiento del insecto vector se ve limitado por la presencia del segundo cultivo. Esto ocurrió, por ejemplo, en el caso del cicadélido transmisor de la spiroplasmosis del maíz, en el policultivo maíz-judía. En este caso, la presencia de judía limitó el movimiento entre surcos con respecto al monocultivo, dando lugar a una menor difusión de la enfermedad.
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Algunos ejemplos de enfermedades transmitidas por vectores cuya incidencia es menor en policultivos.
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Por último, otros mecanismos pueden dar lugar al menor desarrollo de algunas enfermedades en policultivos. Así, por ejemplo, la enfermedad bacteriana del tomate Pseudomonas syringae p.v. tomato es diseminada por el viento, la lluvia, el riego, etc. y es favorecida por la presencia de pequeñas lesiones en la epidermis de las plantas. Estas lesiones son menos habituales cuando el segundo cultivo está presente y ejerce función de cortavientos, por lo que la importancia de la enfermedad disminuye.
No obstante, hay que tener cuidado con la densidad de siembra a la que se establece el policultivo, pues altas densidades pueden ocasionar un microclima muy húmedo, excesivosombreo, etc. que beneficien el desarrollo de algunas patologías, sobretodo las provocadas por hongos.
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Rotaciones.
El paso de la rotación de cultivos al monocultivo es una de las principales causas de la erosión del suelo (Domínguez Gento, A., Roselló Oltra, J., Aguado Sáez, J., 2002). Una rotación de maíz-trigo-pasto presenta una tasa de erosión de 6,7 Tn/ha/año frente a las 50 Tn/ha/año de un cultivo continuado de maíz. Debido a estas tasas de erosión es evidente la pérdida de fertilidad del suelo lo que aumenta la dependencia de insumos para cubrir este descenso de fertilidad. Normalmente estos insumos no se corresponden con aportaciones de materia orgánica compostada sino con fertilizantes químicos que pueden llegar a desestructurar también el suelo además de otros efectos colaterales.
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La rotación de cultivos es el establecimiento reiterado de una sucesión ordenada de especies cultivadas en la misma parcela. Es lo contrario que el monocultivo o crecimiento del mismo único cultivo en la misma parcela a través del tiempo.
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Si la rotación es la sucesión ordenada de cultivos que se repiten en un cierto número de años, el cultivo simultáneo de las especies que intervienen en la rotación es la alternativa. En este caso, la finca se divide en diferentes parcelas, cada una dedicada a un cultivo diferente cada año, hasta completar la rotación. Estas parcelas reciben el nombre de hojas de la alternativa o amelgas.
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La rotación o la alternativa de cultivos es el primer paso para restaurar la biodiversidad en un agroecosistema que inicia el camino desde la agricultura industrializada o convencional, con un gran uso de insumos externos a la propia finca, hacia la agricultura ecológica. Se trata en este caso de establecer biodiversidad en el tiempo (rotación), y en el espacio (alternativa).
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El desarrollo de la práctica de efectuar rotaciones se debió a que los cultivos criados de esta forma rendían más que si la misma especie se cultivaba continuamente durante un cierto período de tiempo en la misma parcela (monocultivo). El incremento en el rendimiento compensaba la reducción en la frecuencia de ocurrencia o en la superficie de un cultivo y el resultado es un incremento de la eficiencia de los cultivos. Es el llamado EFECTO ROTACIÓN. Este efecto se basa en una serie de razones agronómicas, entre las que se encuentra el control que realiza la rotación sobre plagas y enfermedades.
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El monocultivo favorece la multiplicación de parásitos y enfermedades específicas, ya que cada cultivo favorece la presencia de determinados organismos (hongos, bacterias, etc.) en el suelo. Cuando un cultivo se repite mucho (monocultivo), se incrementan las poblaciones de estos organismos, y algunos llegan a convertirse en dañinos para el cultivo. Por ello, la rotación de cultivos es eficaz para el control de la proliferación de plagas y enfermedades que cumplen los siguientes requisitos (Alonso, A., Guzman, G., 2000):
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A. Proceden de una fuente de la misma finca o de las cercanías. Esto incluye por ejemplo nemátodos, hongos, insectos plaga, etc. que habitan en el suelo. La rotación, en cambio, no es eficaz para plagas altamente móviles, que pueden invadir desde zonas más lejanas.
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B. Son plagas y patógenos que tienen un rango estrecho de huéspedes, por lo que la ausencia durante varios años de éstos, da lugar a la muerte o pérdida de viabilidad del inóculo de la enfermedad o de la plaga para producir la infección. No obstante, incluso cuando se trata de plagas polífagas o patógenos con un amplio rango de huéspedes la inclusión en la rotación de cultivos menos deseables puede ejercer un cierto control del problema. Así, plagas polífagas como el “gusano de alambre” se ven influenciadas por el cultivo precedente. La batata o la patata dan lugar a un incremento de la población de este insecto en el suelo, mientras que otros cultivos, como el nabo, el tabaco, el tomate, o la realización de barbecho blanco, la disminuyeron.
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C. Son incapaces de sobrevivir largo tiempo sin un huésped vivo. Ejemplos de ello son el mal del pie de los cereales producido por el hongo Ophiobolus graminis Sacc, que es el principal obstáculo para la repetición del cultivo del trigo. Enfermedades de la patata como son la viruela y la sarna ordinaria, producida por los hongos Rhizoctonia solani Kuhn y Actinomyces scabies Güss, hacen aconsejable establecer una rotación en la que no se repita el cultivo hasta pasados cuatro o cinco años, ya que la enfermedad queda latente en el suelo, y al repetir el cultivo de patata aumenta su virulencia. Nematodos fitopatógenos, como Meloidogine sp. o Heteroderasp., también reducen significativamente su población en el suelo, cuando se establece una rotación de dos o más años, en la que intervienen en cultivos no huéspedes.
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